acabo de terminar el libro (recomendable) de mark oliver everett, 'cosas que los nietos deberían saber', e imagino que, como muchos de los que estamos en este mundillo de la creación, sean canciones (como es el caso), libros, poemas, cuadros o cualquier otra expresión artística, me he sentido en gran parte identificado con él. por supuesto, no en el tema personal, por suerte mi vida ha sido bastante más plácida, pero sí en otros aspectos.
el primero, tiene que ver el modo en que uno se acerca a la creación. es cierto que existe el estereotipo del que monta una banda porque mola, para ligar o simplemente porque sus amigos le invitan. y luego está el caso nuestro, de los que en épocas difíciles de nuestra vida nos refugiamos así. nosotros no hicimos canciones o poemas, hicimos terapia. hablando de nosotros o hablando de cómo nos gustaría que fueran las cosas, y no son. buscando un hueco en un mundo que no comprendemos. la gente que se aproxima así al arte suele tener más cosas que decir, cómo no, si es su propio psicoanálisis. así me identifico con mister e. aunque ni he llegado a tener problemas como los suyos, ni a sumergirme tanto en un solo hobby para ignorar la realidad. pero sí, al menos, a sentirme un poco mejor cuando las cosas no pintaban tan bien.
el otro aspecto es el modo de funcionamiento. de repente quieres hacer un disco, y compulsivamente creas las canciones. y de repente las tienes, y no hay forma de sacarlas. y te frustras, obviamente. en su caso insiste e insiste. en el mío, simplemente, pienso ¿qué hago mal? y las critico hasta la extenuación, y me rindo y quiero cambiar radicalmente de estilo. pero sí coincidimos en la versión revisionista. volver atrás, contemplar viejos temas y pensar, ¿no se merecen una segunda oportunidad? ¿no son acaso una parte importante de mi vida que no merece la pena olvidar?
también comparto con él el que un día te apetezca hacer una cosa y al siguiente otra totalmente distinta. eso explica que haya tonteado desde el rock hasta la electrónica porque, al fin y al cabo, es el medio. y es divertido jugar con el medio. siempre que el medio no te disguste, obviamente.
así que sí, comprendo en gran parte al señor de la barba larga, me gusten sus temas más o menos. porque hay para quien, las canciones, son sólo eso, canciones. para otros son las puertas a través de las que llegamos a otros momentos de nuestra vida. y eso está bien. sobre todo para los que, como yo, tienen memoria más que frágil. o para que los nietos sepan esas cosas que nunca contaste.
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