miércoles, 11 de septiembre de 2013

lapsus

llevo meses sin componer. un compendio de factores es la causa de ello; primero, el tiempo, que escasea, generalmente la semana está bastante ocupada y todos sabemos que, al menos en parte, la creación nace del aburrimiento. segundo, los esfuerzos que dedico a la música van sobre todo enfocados a preparar los directos de uno u otro grupo, y digo esfuerzos porque ensayar no siempre apetece, claro. y tercero, no he sentido mucha necesidad de ello, y cuando la he sentido lo que se me ha ocurrido me sonaba un poco a algo que he hecho alguna vez. desventajas de haber compuesto de más.

para otra persona, estar instalado en esta comodidad sería suficiente, para mí no. lo primero, surge el revisionismo de todo lo hecho hasta ahora, que no es poco, y de todas las bandas en las que he participado activamente, recordando las primeras grabaciones en el inicio de los noventa hasta las más recientes de mi época waldendosiana. y surge la famosa dualidad, en que a la vez estás orgullosísimo de lo creado y a la vez te parece una mierda. pero oye, tan mal no debía estar. y ahora que estoy en la época menos productiva de los últimos tiempos (no intervengo en una composición desde que dejé walden dos allá por finales del 2011), me gusta recordar lo mejor de cada época, tocarlo, y sentir de nuevo un poco aquellas sensaciones.

ahora también vuelve septiembre, y con ello las ganas de empezar algo. aún así, no tengo muy claro que quiera hacer cosas nuevas, ni siquiera las mismas cambiando dos o tres elementos. tampoco tuve nunca muy claro lo que quería hacer, así que no es ninguna sorpresa. pero, aparte, siempre me ha dado muchísima pereza comenzar otro proyecto. no por el hecho de comenzarlo, sino porque eso supone movilizar a gente. y eso sí es algo que me cansa sólo de pensarlo. bastante me cuesta ya tirar para adelante de gsp undertone como para meterme en más movidas.

quizás debí hacerme cantautor. aunque nunca fue con mi espíritu sentarme a incitar al suicidio colectivo. uno es más bien de pegar saltitos de vez en cuando. aunque sólo sea para que no se duerman las piernas.

lunes, 1 de abril de 2013

plain

el otro día, viendo a beach house, me di cuenta de lo fáciles que pueden ser a veces las cosas. tres personas en el escenario, secuencias de fondo, luces, sonido y ya. canciones. canciones bien construidas y bien interpretadas, sin artificios, tal como son. y una estética simple y efectiva. disfrutamos mucho del concierto, aunque supongo que habrá mucha gente a la que este tipo de cosas no le llamen lo más mínimo la atención. yo no he sido nunca de barroquismos, así que tampoco es de extrañar que me quede embobado con determinadas cosas y sin embargo otras de mucho mayor nivel no me digan nada. al final todo es cuestión de emoción, y es cierto que lo que me rebosa ya no me emociona. me pasa con esos solos de jazz que llevan tantas notas en tan poco tiempo que cuando acaban se te relajan todos los músculos.

y ahora nos toca a nosotros subirnos a los escenarios, primero unos y luego otros. y entonces es cuando hay que aprovechar lo que has aprendido en otros lugares, bien tocando, o bien entre el público. y recordar siempre que lo más importante, al final, no es tanto lo que haces, sino el cómo lo haces. la gente que estará allí viéndote ya sabe cómo suena tu música. ya sabe quién eres, te conoce. y el directo no es repetir lo que está grabado poniendo tu cara. no. el directo es transmisión, es comunicación. probablemente puedas tener el peor sonido del mundo y que la gente se vaya a su casa pensando "qué gran concierto, lástima de sonido". vale, es malo, pero peor es "vaya mierda de concierto, no me han dicho nada". eso sí sería un problema. si tú mismo no transmites, a ver qué coños va a sentir el que está abajo.

muchas veces le damos mil vueltas a las cosas, y algunas de ellas nos pasamos. yo mismo me preocupo de mil detalles antes de subir al escenario. y luego, en el calor, todo pasa a segundo plano. es la música, y lo que tú pongas en ella, lo que vale. tu emoción. tu transmisión.

el resto es ornamento. la esencia no está ahí.

domingo, 13 de mayo de 2012

live music (II)

ayer tuvimos la oportunidad de poder asistir a un festival de música pop en nuestra ciudad, y la verdad es que lo disfrutamos y lo pasamos más que bien. es cierto que nuestra ciudad no tiene mucha cultura de festivales, y tampoco demasiada de música en directo dependiendo de los estilos. en eso no se diferencia mucho de otros lugares de este país: siempre nos quejamos de que no hay conciertos suficientes, pero luego la verdad es que no hay mercado para ellos. la gente no va, porque no les viene bien, porque es caro, o vaya usted a saber la razón.

por suerte este festival, en su primera edición, no ha tenido mal balance. una de las mayores ventajas de los festivales es que, por un precio un poco superior a lo que te costaría un concierto de una de las bandas, se puede disfrutar de otras adicionales, a veces descubriendo, incluso, alguna más interesante que la que fuimos a ver originalmente. es verdad que a nadie le gusta que la asistencia sea masiva, porque así se puede sacar mejor partido de todo lo que ofrece, pero también es verdad que es necesario que sea rentable para que pueda repetirse en años posteriores. por eso, en gran parte, me alegro de que hubiera una entrada decente, porque así espero que el próximo año, por estas fechas, podamos repetir.

sin embargo lo que sí me preocupa es la poca cultura de música en directo que hay en todo el país. sólo queremos oír la música que nos gusta, sólo nos interesa ver a quien seguimos, y el resto nos da igual. es algo que no puedo entender mucho, quizás porque yo estoy del lado del músico que quiere llegar al mayor número de gente, sean fans de tu estilo o no. supongo que realmente no nos gusta la música, sino simplemente determinadas cosas. vamos a bares que ponen nuestro tipo música enlatada, y preferimos eso a ver conciertos de bandas desconocidas. incluso nos molesta lo alto que suenan esos conciertos, pero luego nos metemos en discopubs donde para oír a alguien tienes que gritarle al oído. me desconcierta un poco.

yo, personalmente, suelo preferir también ir a bares que ponen música que me gusta antes que a otros, pero esos bares siempre van a estar ahí, y salvo catástrofe algún otro día puedo ir. los conciertos, por su propia definición de directo, son únicos e irrepetibles, y pueden tener momentos mágicos, como también momentos pésimos. pero a todos los niveles me resulta una experiencia buena y diferente, una ruptura con la rutina, de la que disfruto cuando puedo y de la que, en mi vertiente de artistoide, aprendo siempre algo, aunque sea poco, pero algo.

además, siempre pienso que yo, que hago música, que la toco en directo y quiero que venga gente a verme, debo apoyar a otros músicos, aunque sea un apoyo gremial. son momentos difíciles para todo en estas tierras, la gente sale y gasta menos y el público va disminuyendo. si mañana tengo que subir a un escenario, me gustaría ver el local repleto, y que otros como yo estuvieran ahí abajo, aunque sólo fuera para decir que he desafinado o que la guitarra sonaba fatal, o que a algunos técnicos de sonido se les debería retirar el carnet.

y si mañana eres tú el que está encima de ese escenario, espero poder estar debajo. quizás luego hasta me haga fan de tu banda y repita en los siguientes conciertos. que ya me ha pasado.

y si tu banda no me gusta, pues bueno, te aseguro que he pasado mejor el rato que hartándome a copas en un bar supermegaguay. así que gracias, y eso que nos llevamos ambos.

hay que luchar por el vivo en la música. que es su origen, su sentido y su objetivo.

vivirla. vivir la música.




jueves, 12 de enero de 2012

de proyectos y proyectos

en esto de la música, como en cualquier arte, hay formas de andar los caminos, elegir las opciones y realizar lo que deseas, lo que interesa o simplemente lo que te sale. forma parte del artista el expresarse de uno u otro modo, y deduzco que en eso consiste el estilo, un poco la mezcla de la propia expresión artística con la personalidad, entendida ésta de forma ajena a al arte y más bien relacionada con la forma de ser de la persona.

así pues, hay un tipo de personas que llevan un camino muy recto, entendiéndolo en el sentido de que van llevando una dirección que luego puede girar a uno u otro lado pero de un modo uniforme. revisas las carreras de muchos músicos, y esa línea se puede ver y trazar perfectamente. a veces esa línea consiste en seguir una línea totalmente ecléctica, y eso es fácilmente reconocible también.

también están los que dan palos de ciego, ahora esto y ahora aquello, sin saber muy bien para donde tirar. gente que tampoco tiene claro qué le gusta y que va dando bandazos según le pide el cuerpo o las circunstancias.

bueno, pues yo soy un poco mezcla de todo. y claro, simultanear unas cosas y otras pero con la idea de mantener una línea pues te lleva a lo que me ocurre siempre: acumular y acumular proyectos paralelos. y si se puede empezar otro nuevo a cada impulso que te pide el cuerpo. ¿la razón? imagino que será una mezcla entre inquietud, inseguridad e indefinición. a saber.

sea como fuere, acumulo proyectos paralelos, tanto en solitario como con bandas, y esto a veces es divertido y a veces desquiciante. pero es casi una necesidad. y es que no hay nada tan gratificante como comenzar un proyecto nuevo.

bueno, sí, que alguno triunfe. supongo. porque, eso, nunca me ha ocurrido.

jueves, 3 de noviembre de 2011

balances

algunos somos más de hacer balances que otros, y yo, especialmente, más que unos y que otros. de hecho, creo que dedico un diez por ciento de mi tiempo a hacer balances. normal que viva un poco agobiado por el aprovechamiento de cada instante.

pero hay momentos en los que un balance siempre viene bien, y hacer balance sirve, también, para darse cuenta de que lo que haces, o lo que aportas, tiene sentido y valor. ahora, por ejemplo, es un buen momento para hacer balance de estos años transcurridos desde el inicio de walden dos hasta ahora. y sí, como en todo hay claroscuros, pero en este caso gana por abrumadora mayoría el claro.

han sido unos cuantos años en los que, desde el día que nos juntamos a versionar un tema de editors, hasta este reluciente nuevo ep que nos ha resultado más que satisfactorio, hemos evolucionado. hemos crecido, hemos aprendido, y sobre todo hemos disfrutado. hemos tenido momentos grandes, y otros no tanto, anécdotas y recuerdos. pero sobre todo música. música y canciones.

desde el mutante al hombre templado, el camino ha sido bastante fluido y lógico. cada época de los walden ha tenido su sonido, y era el que le correspondía. desde los primeros días un poco más rockeros, pasando por el ruidaco típico de la banda, y desembocando ahora en un sonido más refinado. aún buscando el camino, pero ya cada vez más cerca. probablemente lo más cerca que hemos estado nunca.

quizás lo único que haya que lamentar de todo esto es que no hayamos sabido movernos para tener más repercusión, o no hayamos tenido la suerte necesaria. porque podríamos haber llegado a mucha más gente antes, que seguramente lo habría valorado, y no ha sido así. cierto, son ellos los que se lo han perdido, porque nosotros, al fin y al cabo, aquí lo tenemos, lo hemos disfrutado. pero el espíritu de la música es compartirla, y en eso, la verdad, hasta ahora nos hemos quedado cortos.

pero tampoco es ahora ocasión para tener en cuenta esos detalles. las cosas cambian, y hemos llegado al lugar en el que estamos ahora, una situación diferente. a veces las cosas pasan porque sí, y otras tienen sentido; eso ya lo sabremos a su debido tiempo. lo cierto es que el balance, se mire como se mire, sigue siendo positivo. todos esos recuerdos, esas canciones, esos momentos... eso queda siempre, y estará ahí. quizás no sea la primera vez, pero posiblemente sea de las mejores. maduramos, que eso no siempre es malo.

y, como siempre, al final de cada balance, uno se pregunta sobre el futuro. pero eso es estúpido, porque el futuro ya vendrá. no hace falta que preguntes por él, que ya se sabe el camino.

jueves, 11 de agosto de 2011

live music

me gusta la música en directo. es más, es el modo en que más me gusta la música. de un tiempo a esta parte, intento ir al mayor número de conciertos posibles, y es más la música que oigo en directo que la que oigo enlatada en mi reproductor mp3. de hecho, es un propósito de enmienda el intentar oír más música en casa, para conocer, para ampliar espectro, para descubrir nuevas bandas (nuevas para mí, aunque tengan de 0 a n años), para registrar nuevas influencias.

el problema es que la audición de la música en directo no resulta siempre tan satisfactoria como uno desearía.

empezando por los grandes escenarios (que siempre he odiado, no soy precisamente fan de las multitudes). la lejanía de los intérpretes, la sensación de que están pasando miles de cosas que no ves, me deja un poco frío. además, si esto incluye que el sonido en directo de la mayor parte de los grandes escenarios consiste en batería, bajo y voz, sobre una sopa que es todo lo demás, apaga y vámonos. supongo que al aire libre tiene que ser así para que suene medianamente bien, pero yo no vengo a cantar las canciones, vengo a oír los temas arreglados.

por eso prefiero los locales pequeños, más cercanos, más cálidos. sentir al intérprete, ver las evoluciones de toda la banda en directo y no por una pantalla, fijarme en lo que hacen. pero, vaya, esto también es un problema. porque hay salas de concierto de tamaño respetable, que aúnan los males de los grandes escenarios, y suman los males de las salas pequeñas. y las salas pequeñas, que tienen un par de condicionantes muy graves: la acústica y el equipo. la suma de ambos puede hacer que lo que iba a ser una experiencia interesante se quede en una ligera frustración. y teniendo en cuenta, además, que si el equipo no tiene potencia suficiente (y aunque la tenga si hay momentos suaves) se va a oír más al personal charlando que la propia música, puede resultar difícil disfrutar de una buena banda. a mí, al menos, me queda lo que pueda haber aprendido de los que están allí tocando, que eso siempre es un acicate.

a todo esto se puede sumar, por supuesto, que el técnico de sonido sea un inútil o un dejado, o que no comprenda en absoluto al grupo. que pasa más a menudo de lo deseable. siempre he sido de la opinión de que el técnico de sonido debería ser un integrante más del grupo. el quinto beatle, el jugador número 12.

pero, en fin, que siempre hay momentos en que se alinean los planetas y sale el sol por antequera y, de repente, te das cuenta de que has asistido a un momento mágico, a una noche inolvidable. quizás, sólo por eso, merece la pena arriesgarse, pagar la entrada, las consumiciones a precio de tinta de impresora y rogar que, al menos por una vez, acabes diciendo 'por nada del mundo me habría perdido esto'.

intenta hacerlo oyendo tu mp3. seguro que no es lo mismo.

miércoles, 6 de julio de 2011

with a little help from my friends

haced amigos. ése es mi consejo.

y es que es cierto; puedes ser un músico bueno, muy bueno o discreto, y hacer temas geniales o verdaderas basuras. al final, lo que más va a contar es los amigos que tengas. las facilidades para llegar a uno u otro sitio son independientes de tu calidad. eso no quiere decir que por tener amigos, padrinos o padres seas peor músico o peor persona. no. simplemente gran parte del camino está andado.

es verdad, existen los concursos, el 'buzoneo' a discográficas y mánagers y toda esa historia. y sí, puede funcionar, nadie dice que no. pero es mucho más fácil con amigos. es una extrapolación del 'sólo no puedes, con amigos sí'.

hay multitud de ejemplos de esto, y muchos muy conocidos, así que no merece la pena que los cite como ejemplo. y tampoco es algo que nos extrañe, en el fondo nuestra sociedad funciona así. nosotros, y muchos como nosotros, soñamos pensando que alguien nos verá un día tocando u oirá nuestra maqueta y flipará y dirá 'esta banda mola'. puede ser. pero la realidad es que el descubridor de talentos suele estar en su casa esperando a que le llamen sus amigos. o yendo a conciertos de sus amigos. esto es así.

a pesar de ello, merece la pena intentarlo. por cabezonería. por lo que sea. y si hacemos un par de amigos por el camino, pues oye, mucho mejor. pero no pensemos que si, al final, no llegamos a ningún lado, será porque no lo merecemos.

probablemente sea porque no hemos tenido los amigos adecuados en los momentos adecuados. así es este mundo ahora mismo.