lunes, 11 de noviembre de 2013

sparks

quizás de este mundo de la música lo más importante es poder hacer lo que uno realmente quiere. es algo que se valora bastante en teoría, pero en la realidad es casi siempre lo que falta. en muchas ocasiones, por no decir generalmente, la principal carencia es de tiempo. tiempo para componer, tiempo para grabar, tiempo para tocar. vivir de esto es muy complicado, y lo más racional cuando ya no tienes quince años es pensar en que va a ser tu hobby para el resto de tu vida pero tendrás que ganarte el salario de otro modo en algo que, con un poco de suerte, no te desagrade demasiado.

otra carencia son los medios. medios físicos, que valen dinero, mucho dinero, y medios personales. tanto unos como otros son más que difíciles de encontrar en ciudades pequeñas, como la nuestra, y esquivos o caros en ciudades grandes. el sueño de llevar tus canciones a una grabación y a un directo se convierte en poco menos que un laberinto en el que se pierden muchas energías y parte de las ilusiones. eso ya por no hablar de lugares asequibles en los que tu sonido pueda ser bueno y el ambiente agradable. todo un reto para el que ha pasado la mitad de su vida haciendo canciones en su cuarto.

y, por último, la carencia más dolorosa que suele haber en este mundillo: la de público. en un país donde la música no es una de las prioridades, ni siquiera en el propio entorno de la cultura, y donde estamos acostumbrados al todo gratis, llenar una sala no es algo sencillo. en tu ciudad siempre puedes tener una entrada aceptable, pero si sales... olvídate. más te vale tener amigos, muchos amigos, allá donde vayas.

así que, ahora, yo me puedo considerar bastante afortunado. vale que no he conseguido el tiempo suficiente para tener grabaciones a punto, pero sí reunir una banda con gente con la que estamos muy a gusto, vestir y llevar a directo lo que se gestó en una habitación, tocar en los lugares que más me apetecía de mi localidad, como ocurrirá dentro de quince días, y sentirme acogido por la gente que ha venido y que espero que vendrá a verme. por un momento, uno cree que todo merece la pena, y se siente recompensado plenamente.

al lunes siguiente habrá que madrugar, vestirse de empleado y volver a las tareas cotidianas que tan vacío te dejan. pero lo vivido ahí está, ahí queda y siempre puedes recurrir a ello. aunque no ocurra tan a menudo como quisieras. aunque su tiempo sea corto, pero luzca más que los días grises de oficina. 

pequeños chispazos que te devuelven esa ilusión que el tiempo y la realidad se empeñan en ir enterrando día a día como la tierra nos atrae hacia el suelo.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

lapsus

llevo meses sin componer. un compendio de factores es la causa de ello; primero, el tiempo, que escasea, generalmente la semana está bastante ocupada y todos sabemos que, al menos en parte, la creación nace del aburrimiento. segundo, los esfuerzos que dedico a la música van sobre todo enfocados a preparar los directos de uno u otro grupo, y digo esfuerzos porque ensayar no siempre apetece, claro. y tercero, no he sentido mucha necesidad de ello, y cuando la he sentido lo que se me ha ocurrido me sonaba un poco a algo que he hecho alguna vez. desventajas de haber compuesto de más.

para otra persona, estar instalado en esta comodidad sería suficiente, para mí no. lo primero, surge el revisionismo de todo lo hecho hasta ahora, que no es poco, y de todas las bandas en las que he participado activamente, recordando las primeras grabaciones en el inicio de los noventa hasta las más recientes de mi época waldendosiana. y surge la famosa dualidad, en que a la vez estás orgullosísimo de lo creado y a la vez te parece una mierda. pero oye, tan mal no debía estar. y ahora que estoy en la época menos productiva de los últimos tiempos (no intervengo en una composición desde que dejé walden dos allá por finales del 2011), me gusta recordar lo mejor de cada época, tocarlo, y sentir de nuevo un poco aquellas sensaciones.

ahora también vuelve septiembre, y con ello las ganas de empezar algo. aún así, no tengo muy claro que quiera hacer cosas nuevas, ni siquiera las mismas cambiando dos o tres elementos. tampoco tuve nunca muy claro lo que quería hacer, así que no es ninguna sorpresa. pero, aparte, siempre me ha dado muchísima pereza comenzar otro proyecto. no por el hecho de comenzarlo, sino porque eso supone movilizar a gente. y eso sí es algo que me cansa sólo de pensarlo. bastante me cuesta ya tirar para adelante de gsp undertone como para meterme en más movidas.

quizás debí hacerme cantautor. aunque nunca fue con mi espíritu sentarme a incitar al suicidio colectivo. uno es más bien de pegar saltitos de vez en cuando. aunque sólo sea para que no se duerman las piernas.

lunes, 1 de abril de 2013

plain

el otro día, viendo a beach house, me di cuenta de lo fáciles que pueden ser a veces las cosas. tres personas en el escenario, secuencias de fondo, luces, sonido y ya. canciones. canciones bien construidas y bien interpretadas, sin artificios, tal como son. y una estética simple y efectiva. disfrutamos mucho del concierto, aunque supongo que habrá mucha gente a la que este tipo de cosas no le llamen lo más mínimo la atención. yo no he sido nunca de barroquismos, así que tampoco es de extrañar que me quede embobado con determinadas cosas y sin embargo otras de mucho mayor nivel no me digan nada. al final todo es cuestión de emoción, y es cierto que lo que me rebosa ya no me emociona. me pasa con esos solos de jazz que llevan tantas notas en tan poco tiempo que cuando acaban se te relajan todos los músculos.

y ahora nos toca a nosotros subirnos a los escenarios, primero unos y luego otros. y entonces es cuando hay que aprovechar lo que has aprendido en otros lugares, bien tocando, o bien entre el público. y recordar siempre que lo más importante, al final, no es tanto lo que haces, sino el cómo lo haces. la gente que estará allí viéndote ya sabe cómo suena tu música. ya sabe quién eres, te conoce. y el directo no es repetir lo que está grabado poniendo tu cara. no. el directo es transmisión, es comunicación. probablemente puedas tener el peor sonido del mundo y que la gente se vaya a su casa pensando "qué gran concierto, lástima de sonido". vale, es malo, pero peor es "vaya mierda de concierto, no me han dicho nada". eso sí sería un problema. si tú mismo no transmites, a ver qué coños va a sentir el que está abajo.

muchas veces le damos mil vueltas a las cosas, y algunas de ellas nos pasamos. yo mismo me preocupo de mil detalles antes de subir al escenario. y luego, en el calor, todo pasa a segundo plano. es la música, y lo que tú pongas en ella, lo que vale. tu emoción. tu transmisión.

el resto es ornamento. la esencia no está ahí.