domingo, 13 de mayo de 2012

live music (II)

ayer tuvimos la oportunidad de poder asistir a un festival de música pop en nuestra ciudad, y la verdad es que lo disfrutamos y lo pasamos más que bien. es cierto que nuestra ciudad no tiene mucha cultura de festivales, y tampoco demasiada de música en directo dependiendo de los estilos. en eso no se diferencia mucho de otros lugares de este país: siempre nos quejamos de que no hay conciertos suficientes, pero luego la verdad es que no hay mercado para ellos. la gente no va, porque no les viene bien, porque es caro, o vaya usted a saber la razón.

por suerte este festival, en su primera edición, no ha tenido mal balance. una de las mayores ventajas de los festivales es que, por un precio un poco superior a lo que te costaría un concierto de una de las bandas, se puede disfrutar de otras adicionales, a veces descubriendo, incluso, alguna más interesante que la que fuimos a ver originalmente. es verdad que a nadie le gusta que la asistencia sea masiva, porque así se puede sacar mejor partido de todo lo que ofrece, pero también es verdad que es necesario que sea rentable para que pueda repetirse en años posteriores. por eso, en gran parte, me alegro de que hubiera una entrada decente, porque así espero que el próximo año, por estas fechas, podamos repetir.

sin embargo lo que sí me preocupa es la poca cultura de música en directo que hay en todo el país. sólo queremos oír la música que nos gusta, sólo nos interesa ver a quien seguimos, y el resto nos da igual. es algo que no puedo entender mucho, quizás porque yo estoy del lado del músico que quiere llegar al mayor número de gente, sean fans de tu estilo o no. supongo que realmente no nos gusta la música, sino simplemente determinadas cosas. vamos a bares que ponen nuestro tipo música enlatada, y preferimos eso a ver conciertos de bandas desconocidas. incluso nos molesta lo alto que suenan esos conciertos, pero luego nos metemos en discopubs donde para oír a alguien tienes que gritarle al oído. me desconcierta un poco.

yo, personalmente, suelo preferir también ir a bares que ponen música que me gusta antes que a otros, pero esos bares siempre van a estar ahí, y salvo catástrofe algún otro día puedo ir. los conciertos, por su propia definición de directo, son únicos e irrepetibles, y pueden tener momentos mágicos, como también momentos pésimos. pero a todos los niveles me resulta una experiencia buena y diferente, una ruptura con la rutina, de la que disfruto cuando puedo y de la que, en mi vertiente de artistoide, aprendo siempre algo, aunque sea poco, pero algo.

además, siempre pienso que yo, que hago música, que la toco en directo y quiero que venga gente a verme, debo apoyar a otros músicos, aunque sea un apoyo gremial. son momentos difíciles para todo en estas tierras, la gente sale y gasta menos y el público va disminuyendo. si mañana tengo que subir a un escenario, me gustaría ver el local repleto, y que otros como yo estuvieran ahí abajo, aunque sólo fuera para decir que he desafinado o que la guitarra sonaba fatal, o que a algunos técnicos de sonido se les debería retirar el carnet.

y si mañana eres tú el que está encima de ese escenario, espero poder estar debajo. quizás luego hasta me haga fan de tu banda y repita en los siguientes conciertos. que ya me ha pasado.

y si tu banda no me gusta, pues bueno, te aseguro que he pasado mejor el rato que hartándome a copas en un bar supermegaguay. así que gracias, y eso que nos llevamos ambos.

hay que luchar por el vivo en la música. que es su origen, su sentido y su objetivo.

vivirla. vivir la música.