haced amigos. ése es mi consejo.
y es que es cierto; puedes ser un músico bueno, muy bueno o discreto, y hacer temas geniales o verdaderas basuras. al final, lo que más va a contar es los amigos que tengas. las facilidades para llegar a uno u otro sitio son independientes de tu calidad. eso no quiere decir que por tener amigos, padrinos o padres seas peor músico o peor persona. no. simplemente gran parte del camino está andado.
es verdad, existen los concursos, el 'buzoneo' a discográficas y mánagers y toda esa historia. y sí, puede funcionar, nadie dice que no. pero es mucho más fácil con amigos. es una extrapolación del 'sólo no puedes, con amigos sí'.
hay multitud de ejemplos de esto, y muchos muy conocidos, así que no merece la pena que los cite como ejemplo. y tampoco es algo que nos extrañe, en el fondo nuestra sociedad funciona así. nosotros, y muchos como nosotros, soñamos pensando que alguien nos verá un día tocando u oirá nuestra maqueta y flipará y dirá 'esta banda mola'. puede ser. pero la realidad es que el descubridor de talentos suele estar en su casa esperando a que le llamen sus amigos. o yendo a conciertos de sus amigos. esto es así.
a pesar de ello, merece la pena intentarlo. por cabezonería. por lo que sea. y si hacemos un par de amigos por el camino, pues oye, mucho mejor. pero no pensemos que si, al final, no llegamos a ningún lado, será porque no lo merecemos.
probablemente sea porque no hemos tenido los amigos adecuados en los momentos adecuados. así es este mundo ahora mismo.
miércoles, 6 de julio de 2011
viernes, 1 de julio de 2011
un día de éstos me dejo la barba
acabo de terminar el libro (recomendable) de mark oliver everett, 'cosas que los nietos deberían saber', e imagino que, como muchos de los que estamos en este mundillo de la creación, sean canciones (como es el caso), libros, poemas, cuadros o cualquier otra expresión artística, me he sentido en gran parte identificado con él. por supuesto, no en el tema personal, por suerte mi vida ha sido bastante más plácida, pero sí en otros aspectos.
el primero, tiene que ver el modo en que uno se acerca a la creación. es cierto que existe el estereotipo del que monta una banda porque mola, para ligar o simplemente porque sus amigos le invitan. y luego está el caso nuestro, de los que en épocas difíciles de nuestra vida nos refugiamos así. nosotros no hicimos canciones o poemas, hicimos terapia. hablando de nosotros o hablando de cómo nos gustaría que fueran las cosas, y no son. buscando un hueco en un mundo que no comprendemos. la gente que se aproxima así al arte suele tener más cosas que decir, cómo no, si es su propio psicoanálisis. así me identifico con mister e. aunque ni he llegado a tener problemas como los suyos, ni a sumergirme tanto en un solo hobby para ignorar la realidad. pero sí, al menos, a sentirme un poco mejor cuando las cosas no pintaban tan bien.
el otro aspecto es el modo de funcionamiento. de repente quieres hacer un disco, y compulsivamente creas las canciones. y de repente las tienes, y no hay forma de sacarlas. y te frustras, obviamente. en su caso insiste e insiste. en el mío, simplemente, pienso ¿qué hago mal? y las critico hasta la extenuación, y me rindo y quiero cambiar radicalmente de estilo. pero sí coincidimos en la versión revisionista. volver atrás, contemplar viejos temas y pensar, ¿no se merecen una segunda oportunidad? ¿no son acaso una parte importante de mi vida que no merece la pena olvidar?
también comparto con él el que un día te apetezca hacer una cosa y al siguiente otra totalmente distinta. eso explica que haya tonteado desde el rock hasta la electrónica porque, al fin y al cabo, es el medio. y es divertido jugar con el medio. siempre que el medio no te disguste, obviamente.
así que sí, comprendo en gran parte al señor de la barba larga, me gusten sus temas más o menos. porque hay para quien, las canciones, son sólo eso, canciones. para otros son las puertas a través de las que llegamos a otros momentos de nuestra vida. y eso está bien. sobre todo para los que, como yo, tienen memoria más que frágil. o para que los nietos sepan esas cosas que nunca contaste.
el primero, tiene que ver el modo en que uno se acerca a la creación. es cierto que existe el estereotipo del que monta una banda porque mola, para ligar o simplemente porque sus amigos le invitan. y luego está el caso nuestro, de los que en épocas difíciles de nuestra vida nos refugiamos así. nosotros no hicimos canciones o poemas, hicimos terapia. hablando de nosotros o hablando de cómo nos gustaría que fueran las cosas, y no son. buscando un hueco en un mundo que no comprendemos. la gente que se aproxima así al arte suele tener más cosas que decir, cómo no, si es su propio psicoanálisis. así me identifico con mister e. aunque ni he llegado a tener problemas como los suyos, ni a sumergirme tanto en un solo hobby para ignorar la realidad. pero sí, al menos, a sentirme un poco mejor cuando las cosas no pintaban tan bien.
el otro aspecto es el modo de funcionamiento. de repente quieres hacer un disco, y compulsivamente creas las canciones. y de repente las tienes, y no hay forma de sacarlas. y te frustras, obviamente. en su caso insiste e insiste. en el mío, simplemente, pienso ¿qué hago mal? y las critico hasta la extenuación, y me rindo y quiero cambiar radicalmente de estilo. pero sí coincidimos en la versión revisionista. volver atrás, contemplar viejos temas y pensar, ¿no se merecen una segunda oportunidad? ¿no son acaso una parte importante de mi vida que no merece la pena olvidar?
también comparto con él el que un día te apetezca hacer una cosa y al siguiente otra totalmente distinta. eso explica que haya tonteado desde el rock hasta la electrónica porque, al fin y al cabo, es el medio. y es divertido jugar con el medio. siempre que el medio no te disguste, obviamente.
así que sí, comprendo en gran parte al señor de la barba larga, me gusten sus temas más o menos. porque hay para quien, las canciones, son sólo eso, canciones. para otros son las puertas a través de las que llegamos a otros momentos de nuestra vida. y eso está bien. sobre todo para los que, como yo, tienen memoria más que frágil. o para que los nietos sepan esas cosas que nunca contaste.
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